
Que agujero tan grande en el que volver a caer es el mes de septiembre. Allí tendré que bajar a buscar la esperanza, la fe y la alegría, que por allí deben estar...en el último lugar en el que me elevaron para dejarme caer después. Ésta desproporción no eres tú, es el vacío que dejas en ésta tarde de calor, residuo del verano. Perfecto infierno para escribir una autobiografía sin destinatario arañando las paredes.
"Cuando alguien quiere dar algo no hace falta que se lo pidan" (dice mi padre mientras comemos la deliciosa paella de conejo y caracoles que acaba de preparar, antes de acercarme a la estación). Como árboles frutales que cuando llega la época, dejamos caer el frágil tesoro; y que si nadie cosecha cae inevitablemente a nuestros pies, para servirnos de abono en el ciclo natural de regeneración: es mi amor desperdiciado que se pudre y seguirá ahondando por mis raíces, nutriendo profundo, fortaleciéndome.
En el tren, "la vuelta de las vacaciones" se hace insoportable: deberían repartir tapones para los oídos junto con la cajita de los auriculares y una mantita para el frío extremo del aire acondicionado, que asusta tanto como el cambio de estación, con la tormenta de granizo que ha caído de repente en medio de la noche.
No levanto cabeza, vuelvo a Madrid y todavía lo confundo con amor...y sólo es eco del hueco. Miro alrededor y sólo hay "nada": una cartulina en blanco es mi porvenir. Maravilloso pretexto para empezar el pulso con la carroñera y venenosa ansiedad; le doy algo de ventaja, hago una cobarde llamada cuando sé que no hay nadie y así vivo mendigando esa "oportunidad" que llevo años llorando... Aunque lo que venga después sea enloquecer por arrepentimiento, ya está hecho, así que a por lo siguiente: estos delirios y obsesiones que me enredan con entretenimiento, invaden la realidad, pero no la sustituyen.
Ahora que ya he pecado perdiendo el tiempo, soy capaz de preocuparme por el mundo, y pensar por ejemplo, en las nuevas leyes, que espero aprueben pronto, sobre aborto y muerte digna, que tanto tienen que ver con la libertad. ¿La vida?...hasta hoy, la eligieron por mi y, mira por dónde, nací con éste sueño de ser actriz ya dentro. ¿Sacado de dónde? No lo sé, pero aunque no se vean puertas, cuando ya "viene de fábrica la cosa"...mejor será empezar a picar piedra cuanto antes: destruir las barreras e ir abriendo ventanas, mirar siempre la estrella, que es la que guía. ¿Y la muerte?...espero elegirla cuando no tenga más remedio que rendirme a ella; con esa puerta abierta, la posibilidad de ser dueña de mi muerte, si vivo con sufriendo.
De repente, cuando más oscuro está, brilla una pequeña luz: un papel pequeño en una gran película, estoy en “Camino”…de semanas trepidantes con bolos de teatro arriba y abajo.
"Miró por última vez, para comprobar que nadie le seguía..."
Mi hada madrina o lo que sea que rige mi destino, sólo me concede deseos por un día, de pronto ¡un golpe de suerte, una concesión!: me encuentro con algún príncipe fugaz, de esos que puedo degustar con miel en los labios, pero que me dejan plantada la noche del baile. Deben ser éstos, los míticos cientos de pájaros volando, que ves pasar cuando no tienes ninguno en mano.
Así que he pensado pedirles un favor a los astronautas chinos, (ahora que se están animando): pasarles mi bandera, para que la planten fuerte allí donde está toda la miel, esa que me correspondería para los "dulces sueños" y las "buenas noches”, estoy segura que me la está robando la Señora Luna, que anhelo desde lo lejos. Si no, ¿por qué iba yo a vivir petrificada en una “fotografía onírica” como la mujer durmiente del magnético cuadro de Dalí:“Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar” al punto de ser devorada por las fieras, al punto de ser herida, casi, casi… pero no?
¿Despertará Gala algún día?
Si amanece… aprovecho "la luz de domingo" que tanto me gusta: días que no obligan a salir a la calle, permisivos, que puedo pasar horas para hacer lo que haría en minutos...Ahora que no soy la única que está fermentando con la palabra “crisis”.
No eres tú, verano, es la perdición que supones. ¿Y ahora qué? ¿Por dónde se empieza a construir otra vez?
