
Voy por mi derecha, cuando bajo con el bolso que me dio Helena, a la hora en la que los gorriones vienen a beber a la piscina.
Me ha dado por hacer deporte, contagiada por el espíritu de la competición, busco los recursos olímpicos que estén a mi alcance para entrenar mi amor de verano: Michael Phelps, que me tiene fascinada, máximo ejemplo de superación personal retándose consigo mismo en un desafío sobrenatural, hasta conseguirlo y ser reconocido como el mejor nadador de la historia. Como dice Manuela Mena cuando habla de artistas como Goya: “No es que vivan para ello, pero parte del temperamento artístico está en el reconocimiento”.
Y de mi propia búsqueda del famoso “reconocimiento” supongo que nace la iniciativa de colgar videos en Youtube, diseñar una página web y escribir este blog… Yo lo confieso, lo confieso y acepto sus consecuencias. Me caso, como quien dice eso de…“sí quiero” en lo bueno y lo malo, en la salud y la enfermedad, todos los días de mi vida...y ¡ala! ya estoy metida en la gigantesca boca del lobo. Así que, una vez “expuesta, conectada y disponible” en Internet todo parece una bendición para comunicarse y difundirse, con todo lo bueno por conocer.
Pero también tiene sus partes malditas. Cuando uno se expone y saca la cabeza en Internet, lo primero que le golpea son las opiniones, que hay para todos los gustos, y sobre todo críticas (si uno se atreve a dejar activa la opción de “Permitir todos los comentarios”). Y con la excusa de una crítica a mi videobook viene esta inauguración, que prefiero hacer pública como reflexión antes que como respuesta al comentario en cuestión.
La crítica es digna de agradecimiento, porque es más movilizadora que un simple alago; si no fuera porque el autor tira la piedra y esconde la mano (una de las aparentes ventajas del “cybermundo” para esta clase de gente: abrirse una cuenta espontánea con un pintoresco seudónimo sin videos propios, para poder criticar a los que sí los tienen, bien a gusto) cuando se está sentado como espectador es fácil lanzar opiniones como dardos que una vez clavados van soltando su veneno poco a poco. Los defensores sostienen con su apoyo y ánimo, pero los detractores ningunean tu trabajo y empujan fuerte poniéndolo todo en duda, a ver si cae algo con el tambaleo. Y el bombardeo comienza mucho más cerca de lo que me imaginaba en estas “tranquilas” vacaciones familiares.
Pero, como dice mi terapeuta:-Acuérdate de lo que le decía Don Quijote a su querido incondicional Sancho: “Ladran, luego cabalgamos”-. Así que, voy a seguir buscando, conduciendo por lo correcto. Seré una de esas personas que sigue y sigue aunque no llegue, pero nunca voy a dejar de intentarlo. Sobre todo porque me estoy dando cuenta de que es un camino que se recorre, no un lugar al que se llega y que no es el tamaño de los pasos, sino lo fino que uno hila cuando ya está en el camino. Cuando los avances o los cambios parecen minúsculos, como lo puede parecer “ganar un segundo” de un año para otro, si uno no contempla que estamos hablando de una plusmarca que bate un record en la historia de la natación (o del atletismo, como Usain Bolt).
Hoy mismo, con el público en pie se ha apagado la llama olímpica, han terminado los 16 días de competición en Pekín, con 18 emocionantes medallas conseguidas por los deportistas españoles. Y por mi parte, al final no creo que hagamos la excursión, tantos días retrasada, para subir guiados por mi padre a la montaña. (Lo cambiamos por un viaje relámpago a Madrid para el rodaje del spot de Obra Social Bancaja, en la que sólo salen mis manos cogiendo un bolso; y al final, creo que ni eso, se han cargado el plano en montaje :-/).
Este año no disfrutaré del camino y las vistas de nuestro campo (nuestra humilde villa particular) que es un capricho que tienta después de tanto seguimiento deportivo. Pero en fin, tendremos que esperar a las próximas olimpiadas... y volver a empezar con el día a día. Empezar la cuenta atrás para la gira de teatro que arranco en septiembre con la compañía “Taules Teatre”, las seis funciones de “8 Mujeres” que me llevará por Chinchilla, Alicante, La Algueña, Ibi, Monovar y Elda, hasta octubre.
Eso sí, espero no necesitar más de esos "insuperables fuegos artificiales chinos" para mantener el ritmo hasta Londres 2012 y que me contagien los británicos las virtudes olímpicas. Voy a seguir haciendo lo que pueda, como todo el mundo, porque como dice Rabindranath Tagore: “El bosque sería muy triste si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen”.
Para los días de vacaciones que me quedan…da gusto escuchar el silencio por debajo del viento, parar y no hacer nada; recibir esas contadas llamadas de los amigos que quieren saber de ti en mitad del denso Agosto, mientras colecciono la “Revista de Verano” y me motivo para hacer, una vez más, la tabla de ejercicios.
”El tren llegó cuando yo estaba allí, esperando con mi maleta. Tuve suerte y me subí”.
Otra cosa es que el mundo no quiera…pero si es por mí, voy derecha.
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