Fotografía: Virginia Paradinas

Inimaginable viajar, sin que un libro me acompañe con aire ensimismado. Y si puede ser prestado: mejor, así es más valioso el recuerdo del amigo, cuando descubro alguna de sus notas "marcapáginas" entre las hojas del bien encuadernado "El amante de Lady Chatterley".
Irse lejos, a otro país, supongo que tiene sus ventajas... ¡Para los ladrones, que te hacen perder la silla! Y si sabe aprovecharlo el lado antisocial: desconectarte del móvil y dejar "gato encerrado" en el contestador automático del fijo, por unos días.
Me gusta desplegarme en el camerino horas antes de la función. Recrearme y prepararme; incluso llegar a aburrirme. No me sobra el tiempo hasta que consigo hacer de ese espacio del teatro: MI CASA, en Milán, Florencia, Forli...
¡Deseando estoy, pasear por Madrid con los ojos llenos de Italia!
De todas formas, lo mejor es volver de gira dejando las maletas en la entrada, contar las páginas que tiene el próximo capítulo y que todo siga: recostarme a leer...y después de un par de párrafos, que me entre el sueño. Dormir ligeramente y retomar la lectura desde el comienzo; pero esta vez sin duermevela.
Todo en el fuero interno de la novela tiene su continuidad orgánica, sea quien sea el que esté haciendo propaganda de sí mismo. Por más preámbulos, los que buscamos a "la perra-diosa del éxito" avanzamos entrando en materia y devorando todo lo dicho.
"La perra-diosa del éxito merodeaba... él también quería prostituirse entregándose a la perra-diosa del éxito, si ésta se dignaba a aceptarle."
D. H. Lawrence.
Del espionaje propio salen todo tipo de personajes. Lo dicho: zancadillas narradas y confidencias del lado más pirata, que dan principio a lo que se trata de pedir. Como un claro derecho, que actualmente se discute: "si una menor puede tener hijos a esa edad ¿cómo no va a poder decidir abortar?"
Parece que una solo puede continuar la lectura para encestar la rabia de verlos pasar con sus cochazos, capos de sus mafias que deciden por nosotras, como si fueramos carne cruda. Y nosotras buscando cautelosas el camino para ser libres, como Connie, la heroína de esta novela: forzada a una desvergonzada aventura secreta, con su consecuente alboroto.
Y Lady Chatterley dijo: "-Voy a tener un hijo". Cuando todo el mundo sabía que su marido estaba con la mitad inferior de su cuerpo, de cintura abajo, paralizada sin posible remedio.
Un amante ¡que escándalo! Con el barullo que supone no me entero de lo que leo. El mundo ya no tiene confines, prefiero retirarme a mi habitación con aire de reina ofendida, al estilo Chatterley, disfrutando a mis anchas del romántico final, con esa última carta de John Thomas a Lady Jane...rebosante de esperanzas. Y devolver el libro a su dueño, antes de que le duela creer que lo ha perdido.
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