Fotografía: Cienmandragoras

Me ato.
Un sol, mi sol.
Casada con la luz, quieta.
Celebro que termina el año y empieza 2009.
Recuerdo y recupero un texto que escribí hace años, por una de las razones más maravillosas por las que me han pedido escribir:
¡Para celebrar la boda de mi querida amiga Inma!
Abocados al matrimonio,...
Despierta el sueño de disfrutar,
que es la máxima expresión
de estar abiertos a la fusión de tanta soledad.
Traspasa las primeras capas que protegen el frágil corazón
y revelar ese grito salvaje que guía nuestro espíritu.
El acuerdo coincidente,
y decidimos aceptar que hasta donde uno ha llegado,
es donde se quiere quedar.
Elegimos aprender del amor,
y entregarnos a que sea él, el que nos descubra.
Más allá de tradiciones...
es un encuentro misterioso de dos almas que arden por compartir.
Caminar de la mano,
con una invitación a sentarse uno al lado del otro,
ver el mundo girar.
Es la creación de un universo mutuo
que late con el nacimiento en el nuevo día
y la muerte en cada noche.
Mientras el aire/tiempo nos oxida en compañía, vemos evolucionar lo que comenzó con un anhelo y ahora está junto.
Si uno tiene el alegre coraje de casarse,
es que merece el milagroso encuentro con la paz.
Cuando nos casamos con la vida,
unimos las voces para corresponder al ser amado.
Y si se me concede pedir algo, grito al mundo que:
Las alas que hoy se abren, no dejen de volar.
Despierta el sueño de disfrutar,
que es la máxima expresión
de estar abiertos a la fusión de tanta soledad.
Traspasa las primeras capas que protegen el frágil corazón
y revelar ese grito salvaje que guía nuestro espíritu.
El acuerdo coincidente,
y decidimos aceptar que hasta donde uno ha llegado,
es donde se quiere quedar.
Elegimos aprender del amor,
y entregarnos a que sea él, el que nos descubra.
Más allá de tradiciones...
es un encuentro misterioso de dos almas que arden por compartir.
Caminar de la mano,
con una invitación a sentarse uno al lado del otro,
ver el mundo girar.
Es la creación de un universo mutuo
que late con el nacimiento en el nuevo día
y la muerte en cada noche.
Mientras el aire/tiempo nos oxida en compañía, vemos evolucionar lo que comenzó con un anhelo y ahora está junto.
Si uno tiene el alegre coraje de casarse,
es que merece el milagroso encuentro con la paz.
Cuando nos casamos con la vida,
unimos las voces para corresponder al ser amado.
Y si se me concede pedir algo, grito al mundo que:
Las alas que hoy se abren, no dejen de volar.
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